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Nada menos que lo mejor

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” Juan 3:16

Dios solamente desea lo mejor para nuestras vidas. Él ha designado solamente veredas que a lo largo de nuestras vidas, nos beneficiarán. En ocasiones pareciera que Él está airado con nosotros por las situaciones que vivimos, pero no es así. Detrás de cada situación está la mano del Creador. Y aunque parezca que estamos recibiendo maldición, sin lugar a duda detrás de eso viene bendición. Pues, “La suma de tu palabra es verdad” Salmos 119:160

Aquella enfermedad de muerte, fue solamente un medio para llevarnos a los pies de nuestro Dios. Aquel trabajo que por mucho tiempo nos causó tanto disgusto, fue la herramienta que el Señor usó para hacernos excelentes. Aquella muerte de un ser querido, fue lo que Dios utilizó para salvar a toda su casa y reunirlos algún día en el cielo. Aquel miedo que carcomía nuestra alma, solo sirvió para medir que tan valientes somos. Aquella adicción que tantos años te aprisionó, es lo que hoy te hace valorar cada día.

No rechaces la bendición de nuestro Señor solo porque no viene envuelta cómo tú la esperabas. Cada bendición  tiene dos caras, la siembra y la cosecha. Y no se puede tener la segunda sin la primera. En algunas ocasiones las bendiciones más grandes que tiene nuestro Dios para nuestras vidas, nos aterrorizarán. Nos harán dudar y temblar. Pero, solo enfrentándoles, tendremos esa bendición. Una vez que enfrentes eso que te atemoriza, le veras en su justo tamaño. Y dirás, ¿por qué no le enfrenté antes?

Cada vez que rechazas una bendición de Dios porque no te sientes preparado, le estás diciendo a Él mentiroso. Pues no se trata de ti, sino de Él. Además, recuerda esto: Él ya estuvo en tu futuro, y si lo ha dicho, Él lo hará.

¿Por qué conformarte con lo bueno?, cuando puedes tener lo mejor. Por qué conformarte con una vida a medio vivir, cuando puedes explotar tus dones al máximo.

El Señor no te puede obligar a ir en busca de lo mejor. Pero es lo menos que podemos hacer, siendo que Él ya nos ha dado lo mejor.

 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” Juan 3:16

Dios estuvo dispuesto a entregar a su más preciado tesoro para darnos salvación. Qué puede ser aquello que tengas que enfrentar más difícil que morir en una cruz y ser encarnecido. Jesús lo hizo, por ti y por mí para darnos nada menos que lo mejor: Vida Eterna.

Ahora dime, ¿Quieres recibir nada menos que lo mejor?

 

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”  Mateo 16:24

 

Richy Esparza

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La casa del Señor

Yo me alegro cuando me dicen: «Vamos a la casa del Señor.»” Salmos 122: 1

 Había cumplido 10 años, y fui invitado a la casa del Señor. Con gran expectativa me alisté como nunca, quería estar impecable para conocer al Hijo de Dios. Había escuchado que Él era bueno y que me amaba más que nadie, algo en mí ardía por finalmente conocerle. Había preparado muchos diálogos en mi cabeza para el momento en el que le conociera. Al llegar a su casa, no pude hablar con Él; Él estaba mudo y ocupado pagando por mis pecados colgado en una cruz. No tenía tiempo para hablar conmigo, en cambio envió a sus representantes para tomar mi mensaje. Yo quiero hablar con el Hijo de Dios, dije. –Solo nosotros tenemos acceso a Él pues hay demasiada maldad en ti, ellos dijeron.   

No comprendí por qué el Hijo de Dios no quiso recibirme; ni tampoco comprendí cual era aquel grande pecado que había cometido, y que me hacia culpable.

Era difícil para mí creer que aquél que había salvado a la humanidad aún seguía sufriendo en una cruz. La doctrina que se me fue enseñada en aquel entonces, decía que no era digno de ser salvo, creía que aún los niños tienen pecado, creían que cada vez que el hombre peca, Jesús era clavado nuevamente por nuestra grande culpa, y qué aún sufría por nuestra maldad. 

El gran anhelo de conocer a Dios como padre, amigo y consejero, se alejó lentamente. Había demasiada iniquidad, había demasiada maldad en mí, había tanto pecado en este niño que no podía ser lavado, ni siquiera con la sangre del cordero. Al menos, eso fue lo que entendí. Cómo oveja llevada al acantilado, seguí la voz de la grande culpa injertada en mí, y partí de aquel lugar.  

Con el paso de los años, esa culpa me llevó al cautiverio. Y después del cautiverio, me llevó  a un paso de la muerte.  Pero justo antes de partir, finalmente conocí al Hijo de Dios. Estando desesperanzado y herido de muerte, Él me salvó.  Él es totalmente diferente a como le describieron. Él está vivo, y hace más de 2000 años dejo la cruz. Él está tan vivo, que todos los días hablamos.

Hoy me invita a su casa, y es totalmente diferente. En su casa tal vez no le pueda ver en una figura labrada. Pero está su presencia, y su gloría es manifestada en todo momento.

En su casa he encontrado perdón, y no condenación. En su casa hay vida y no una tradición. En la casa de mi Dios nos alegramos, porque la grande culpa hace mucho tiempo fue enterrada.

Ir a la casa de mi Dios es una anhelada cita con mi Salvador, y no un ritual olvidado o una obligación. En la casa de mi Dios, todos lucimos majestuosos; sin importar nuestra posición económica, pues todos ofrecemos lo mejor a su majestad.

Hoy es diferente, pues finalmente conozco la casa de mi Dios; y me alegro cuando dicen:

“Vamos a la casa del Señor”

¿Y tú hermano, te estás gozando porque finalmente conoces la casa del Señor?

Richy Esparza http://devocionalesderichy.com/http://cristodavida.com/


¿En qué esta cimentada tu obra?


Sigo de visita en la hermosa ciudad de Halifax Canadá, y el día de ayer fui a visitar el orgullo de esta ciudad, las torres “Purdy´s Wharf” ; son 2 edificios majestuosos. No solamente por su toque vanguardista,  o ese olor a “elite” mundial que se percibe cerca de ellos , ni esa envergadura que es imponente….. Más son majestuosos por sus cimientos.


 Los cimientos de estos edificios están construidos a la orilla del muelle y sobre el mar. El estar observando esos cimientos donde se invirtieron miles de horas y toneladas de acero antes de comenzar el edificio, me hizo reflexionar. Así cómo a simple vista no se puede observar todo el acero y horas de trabajo que están sustentando esa obra majestuosa, de la misma manera esos cimientos que construimos al inicio de nuestra vida cristiana, no se ven; pero a la larga determinarán el resultado de nuestra obra.


Muy a menudo se levantan obras majestuosas en el mundo cristiano, obras primorosas, donde antes solo había arenas movedizas, tierra seca, o en la orilla de aguas turbulentas. Este tipo de obras son reconocidas a distancia por su toque divino, por su estilo celestial y por la envergadura imponente de la unción de Dios.


Y algunos observantes de la obra creen que fue construida de la noche a la mañana, no alcanzando mirar lo que la sostiene.  Creen que ha sido casualidad que de la noche a la mañana ese hermano que era anónimo hoy es el consentido del espíritu santo, creen que ha Dios simplemente le ha placido que ese hermano que antes habitaba en aguas turbulentas; hoy es el portador  favorito de su gloria. Si bien es cierto que el espíritu santo reparte dones como le place, y que Dios escoge a sus portadores de gloria desde el vientre de su madre; también es cierto que Dios se mueve por fe. Y con la medida de fe que construyamos los cimientos de la obra, de ese mismo tamaño será la gloria que manifestemos.


“Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obra.”  Santiago 2:18


Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla, pero al volver vendrá con regocijo trayendo sus gavillas. Salmos 126 : 6


Querido hermano, ¿Sobre que estás construyendo la obra del Señor? ¿Estás haciéndolo en base a los planos que Él te dio?, ¿Con la cantidad necesaria de tiempo?, ¿Estás poniéndole esos kilos extras de obediencia que necesitas para limpiar la base?…… ¿Estás escatimando en algún material? (Palabra, oración, comunión, ayuno)


Es momento de hacer una pausa en la construcción de la obra y preguntarte…qué quieres construir. ¿Será esa obra majestuosa que el Señor te ha mostrado, o solamente un edificio más?


Espero que hayas escogido lo primero y pongas manos a su obra.


Richy Esparza   http://devocionalesderichy.com/http://cristodavida.com/


Antesala a la exaltación

Cuando comencé a trabajar estaba cursando 6º semestre de la carrera, lo cual impidió que me siguiera divirtiendo de la misma manera que mis compañeros; y ésto en ocasiones me causaba frustración. Además que ya no estaría bajo el cuidado de mi papá, quién me dio   las tablas para mi carrera. Más sin embargo yo quería perseguir mi sueño; y era tiempo de dejar el nido.

Finalmente  estaba cumpliendo uno de mis sueños al comenzar a trabajar en una firma de auditoria internacional, ya que había sido rechazado en otra ocasión. Los primeros 5 meses estuve a prueba y recuerdo cómo todos mis esquemas cayeron, lo que pensaba que era, no era. Y mi jefe se encargaba de recordarme a diario todo lo que me faltaba. Hubo un lapso de 2 meses que me levantaba con dolor en las entrañas y pedía fortaleza al Señor para seguir avanzando en éste mi sueño, púes ésta vez no quería rendirme.

 

Estaba hastiado de rendirme ante la presión. No tenía cara para rendirme, mis padres se esforzaron para que pudiera estudiar y obtuviera mis sueños; y mi Dios había prometido Su ayuda. Así que estuve dispuesto a enfrentarlo, tuve que contrarrestar mi inexperiencia con empeño; y mi fragilidad, con temple.

Me desvelada estudiando lo que al día siguiente realizaría en el trabajo. Mi maestro fue el conocimiento; y mi empujé, el motor que me dio la oración a mi Señor.
A los pocos meses, fui contratado definitivamente y recibí felicitaciones de mi Jefe, que al final me decía “Mi chavo el super auditor”. Lo que fue en un pequeño lapso de fuego en mi carrera, trajo bendición y exaltación.

Trabajé arduamente 4 años en despachos, mirando cómo la mayoría de mis compañeros ganaban más que yo, y trabajaban menos.

Y ésto en ocasiones me era frustrante porque yo ya quería dar el siguiente salto, más sin embargo no era el tiempo de mi Dios, Él quería prepárame bien para lo que vendría.

Acepté trabajar en un proyecto del despacho con extranjeros en diferentes minas en México, y de momento apareció el miedo, pero de nuevo avancé con la seguridad de que mi Señor pondría suficiente corazón. Pasé unos meses de nuevo por fuego y al poco tiempo fui exaltado. Una mina ofreció contratarme y dobló mi sueldo en dinero. Porque mi sueldo verdadero son las aventuras que pone Dios en mi profesión, los lugares a los que me Él me lleva y saber que no estoy desperdiciando mi talento.

Yo te invito hermano a que guerrees por conseguir tus sueños, a qué trabajes con empeño; púes recuerda que allá en el cielo no existirán más tus jornadas.

A que utilices el talento que fue depositado en ti al máximo, no le desperdicies. Aunque sientas qué estás en caos, sigue avanzando; púes tu Dios está haciendo algo grande dentro de ti. Entrega ese extra, recuerda que tú trabajas para un Rey. Y toma todo fuego que venga a tu vida cómo una antesala a la exaltación.

Dios los bendice hoy……………………..

Richy Esparza

Escrito para: www.devocionaldiario.com