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ÉL ME ANHELA CELOSAMENTE – Arlene García Holguín

¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? Santiago 4:5

 

¿Alguna vez has sentido un anhelo profundo por vivir alguna situación específica? Experimentas una sensación tan fuerte porque anhelas algo en particular y sientes que no puedes esperar a vivirlo, lo quieres ahora y ya. Es un deseo ferviente que se produce en lo más profundo de tu corazón y es una experiencia maravillosa sobre todo cuando ese anhelo se vuelve una realidad.

Que palabra tan poderosa y especial es saber que el corazón de Dios produce ese anhelo por nosotros. Es hermoso saber que Él siempre está pensando en nosotros, anhela pasar tiempo a solas, platicando y simplemente para que nosotros podamos disfrutar de Su presencia y conocerle más. Puedo verlo esperándonos para que vayamos a Él y pasemos ese tiempo de comunión e intimidad. Somos lo que Dios más ama, por lo tanto lo que más anhela.

Recuerdo alguna vez en mi vida como hija de Dios, pues todo parecía caminar de manera adecuada, me iba bien en todo lo que hacía, estaba sirviendo en la iglesia, cumplía con todas las responsabilidades que tenía y eso me hacía sentir plena y bien. El punto es que me acostumbré, no sé en qué momento me quedé en una zona muy cómoda para mí. Si implicaba responsabilidades y compromisos, pero yo pensaba: todo lo estoy haciendo para Dios, así que no hay problema, de seguro Él está muy contento con ese servicio. El punto es que por estar tan involucrada en tantas actividades, me olvidé por completo para quién lo estaba haciendo. Y recuerdo que alguna vez  frente a un altar, me arrodillé y le dije: Dios si hay algo que he puesto por encima de Ti, te pido por favor que me lo quites. Recuerdo que yo pensaba, por supuesto que no hay nada que cambiar, todo está bien, mis prioridades están perfectamente definidas. Pero descubrí que no era así. Estaba comprometida con las actividades pero no con Dios. Trataba de rendir en todo, y si lo hacía, pero esto me estaba haciendo descuidar mis tiempos a solas con Él, porque cuando llegaba a mi casa ya estaba muy cansada para estar con Él.  En ese momento, que oré de inmediato respondió y movió todo de lugar, me sentía muy mal y como que todo ese “equilibrio aparente” que tenía se me había venido abajo, porque entendí que había puesto todo por encima de Dios. Fueron algunos años los que tomó que todo volviera a su lugar, yo pensaba que Dios me había quitado todo, pero la realidad es que no fue así, Él simplemente tomó el lugar que merece. Ése lugar que yo le había quitado.

Cuando comprendí lo que Dios hizo, me maravillé y me enamoré mucho más de Él, todo eso lo hizo por amor, porque Él quiere que yo lo anhele así como Él me anhela. Que sea lo más importante en mi vida. Ahora Él ha restituido todo. No me había quitado nada, sólo acomodó lo que debe estar primero y lo mejor es que cuando me lo dio, lo hizo mucho más abundantemente de cómo era.

No temas a entregarte a Dios. Él es muy fiel y bueno, pues se ha dado por completo a nosotros sin ninguna reserva.

 

Por : Arlene García Holguín

www.devocionaldiario.com y http://cristodavida.com/

 

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